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sábado, 30 de abril de 2011

Cirugía bariátrica de pérdida de peso

Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) informaron recientemente que el 30 por ciento de los adultos estadounidenses (de 20 años o mayores), más de 60 millones de personas, son obesos.
"Obeso" se define como aquella persona que tiene un índice de masa corporal (BMI) mayor de 30. La obesidad aumenta el riesgo de muchas afecciones médicas. Afortunadamente, el logro de una pérdida de peso importante puede disminuir las posibilidades de una persona de desarrollar una o muchas de estas afecciones.
La cirugía bariátrica es una de las opciones de pérdida de peso clínicamente estudiada disponible para las personas obesas.
Sin embargo, el tratamiento bariátrico no es para todos, cada uno de estos procedimientos quirúrgicos para bajar de peso conlleva algunos riesgos y algunos cambios en el estilo de vida importantes. El conocimiento sobre los tipos, los beneficios y las complicaciones potenciales de los distintos métodos de cirugía bariátrica lo ayudará a tomar una decisión informada acerca de esta alternativa seria para la pérdida de peso.
DocShop puede ayudarlo a buscar un cirujano bariátrico en su región.

¿Qué es la cirugía bariátrica?

La cirugía bariátrica es el término general utilizado para referirse a diversos procedimientos quirúrgicos de pérdida de peso. El término “ bariátrica” deriva de la palabra griega “barys”, que significa “pesado” y la palabra latina “iatria”, que significa “relativo al tratamiento médico”. Eso es exactamente la cirugía bariátrica: un tratamiento para los problemas de peso, no una cura. Los procedimientos de cirugía bariátrica son operaciones gastrointestinales mayores que generalmente reducen la cantidad de comida que el estómago puede recibir. Algunos tipos de tratamiento bariátrico también implican la modificación del intestino delgado para reducir las calorías que el organismo puede absorber, lo que resulta en una pérdida de peso relativamente rápida.
La cirugía bariátrica de pérdida de peso, como la cirugía de bypass gástrico o la cirugía de banda gástrica LAP-BAND®, obliga a los pacientes a reducir drástica y permanentemente la cantidad de alimentos que consumen. De hecho, la mayoría de los procedimientos gástricos reducen la capacidad de alimento que el estómago puede recibir de aproximadamente 2 cuartos de galón a 2 onzas (1,892 ml a 59 ml). Los pacientes pueden sentirse muy mal si comen demasiado. Existen otras complicaciones posibles con el tratamiento bariátrico. Un cirujano bariátrico capacitado le puede brindar más información; busque uno de estos cirujanos en DocShop.

Tratamiento bariátrico para las personas obesas

Muchas personas con mucho sobrepeso no han podido controlar su peso a pesar de sus esfuerzos sinceros, prolongados y extenuantes para hacerlo. A menudo, la obesidad mórbida causa complicaciones graves para la salud, restringe las actividades, afecta la autoestima y acorta la vida. La cirugía bariátrica trata de abordar estos problemas en su origen. Un tratamiento bariátrico es un intento de reducir en forma permanente la capacidad de una persona de comer demasiado.

Un tratamiento rápido y permanente para la pérdida de peso

Una de las ventajas principales de los diferentes procedimientos bariátricos es que resultan en una pérdida rápida de peso en comparación con las opciones para bajar de peso menos invasivas. Cuando el estómago se reduce al punto en que el paciente no puede ingerir más alimento del que realmente necesita y la cantidad de alimento que el organismo absorberá ahora está restringida, el peso en exceso comienza a descender a un ritmo acelerado.

Busque un cirujano bariátrico cerca de donde vive

Si usted es un hombre, una mujer o un adolescente obeso y piensa que podría ser un candidato apropiado para la cirugía bariátrica de pérdida de peso, es fundamental que busque un cirujano bariátrico capacitado y con experiencia. DocShop hace que la búsqueda de un profesional de este tipo sea una experiencia fácil y gratificante.

Tomado de DocShop.com

sábado, 23 de abril de 2011

Las grasas "malas" pueden producir depresión y deterioro cognitivo...


Además de problemas cardiovasculares y otros efectos negativos sobre la salud, como obesidad y diabetes, las grasas trans y saturadas aumentan de forma considerable el riesgo de sufrir depresión y, a partir de cierta edad, deterioro cognitivo. Es un motivo más para alimentarse mejor.

Ya era sobradamente conocido el efecto negativo que tiene sobre la salud el consumo de las llamadas grasas "malas" (trans y saturadas, presentes en alimentos precocinados, margarina, bollería, ciertos lácteos...). Pero ahora, además, un estudio realizado por equipos de dos universidades españolas nos da una razón adicional para evitarlas: su consumo puede elevar hasta un 42% la probabilidad de sufrir depresión.
El estudio, que ha sido publicado en la revista científica "PloS One", fue realizado por investigadores de las universidades de Navarra y Las Palmas de Gran Canaria que analizaron la dieta, el estilo de vida y los trastornos de salud de 12.059 personas durante seis años. Quizá la conclusión más importante fue que en torno a un 30% de las depresiones se podrían atribuir al consumo de grasas poco saludables.
O, dicho de otra forma, aquellos que consumían cantidades elevadas de grasas trans tenían hasta un 42% más de riesgo de contraer la temida depresión, en comparación con aquellos que apenas las consumían. Parece evidente que es un porcentaje tan importante como para ser tenido muy en cuenta.
Por el contrario, el consumo de grasas "sanas" (poliinsaturadas, presentes en el pescado, y monoinsaturadas, en el aceite de oliva), no sólo no favorece la depresión, sino que previene de caer en ella, como indica Miguel Ángel Martínez-González, de la Universidad de Navarra, que fue el director de la investigación y se queja de que hay muy poca literatura científica al respecto.
Otro aspecto de la salud mental que también se ve favorecido por una alimentación sana es el relativo a la contención del deterioro cognitivo a partir de los 65 años. La revista "Neurology" ha publicado un estudio realizado por el Instituto Francés de Investigación para la Salud que afirma que hay una relación entre el síndrome metabólico y la pérdida de memoria a partir de los 65 años.
El aumento de riesgo de sufrir dicha dolencia es, en este caso, del 20%. Y, dada la relación entre el consumo de las ya mencionadas grasas "malas" y el riesgo de sufrir el síndrome metabólico, la relación entre alimentación y salud queda, de nuevo, en evidencia.
La importancia de evitar el consumo de grasas saturadas y trans es tal que Martínez-González aboga por prohibirlas o, al menos, obligar a los fabricantes a que avisen en el etiquetado del producto de su contenido en dichas grasas.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en marzo de 2011,
a partir de informaciones de Europa Press y El Mundo

sábado, 16 de abril de 2011

¿Beber agua antes de comer adelgaza ?...

Beber agua antes de comer adelgaza
Un interesante ensayo ha demostrado lo que muchos afirmaban sin contar con pruebas científicas: tomar dos vasos de agua antes de las comidas adelgaza en torno a dos kilos y medio. Para valorar la importancia de esta investigación hay que tener en cuenta que ese es el peso que se pierde, aproximadamente, con medicación antiobesidad. Pero el agua es gratis, no requiere prescripción médica y no tiene efectos secundarios.

Un ensayo clínico, dirigido por la doctora Brenda Davy, perteneciente al departamento de Nutrición Humana, Alimentación y Ejercicio del Virginia Tech en Blacksburg (Virginia, Estados Unidos), ha llegado a interesantes conclusiones prácticas para todos aquellos que luchan contra la obesidad. La investigación ha sido dada a conocer en el congreso anual de la Sociedad Química Americana.
El estudio se hizo sobre 48 adultos de entre 55 y 75 años que fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. Ambos siguieron una dieta baja en calorías durante tres meses, pero sólo uno de ellos siguió la rutina de beber dos vasos de agua antes de cada comida. Al final, el que no tomó agua perdió algo menos de 5 kilos, frente a los 7 del que sí lo hizo. La diferencia, en torno a 2,5 kilos. El resultado parece concluyente.
La doctora Davy afirma que los que habían bebido antes de las comidas consumieron entre 75 y 90 calorías menos en cada comida. Esa cantidad, multiplicada por tres veces al día, supone unas 250 calorías. La experta aventura dos posibles causas para justificar este descenso: por una parte, al llenarse el estómago se tiene menos apetito y se come menos; por otra, el agua sustituye, en gran medida, a otras bebidas calóricas, como los refrescos.
Aunque los propios autores del estudio afirman que no se sabe con exactitud qué cantidad de agua es recomendable tomar al día, al parecer rondaría los 9 vasos para las mujeres y 13 para los hombres, si bien la norma general es tan simple como beber cuando se tenga sed. Es conveniente tener esto en cuenta, ya que un exceso de agua puede producir intoxicación.
Artículo elaborado por Adelgazar.Net en septiembre de 2010,
a partir de informaciones de El País y El Mundo

sábado, 9 de abril de 2011

El Índice de Grasa Corporal frente al Índice de Masa Corporal

Desde hace décadas, se ha utilizado el Índice de Masa Corporal (IMC) como una medida aproximada pero sencilla del grado de sobrepeso u obesidad de una persona. Sin embargo, está siendo cada vez más cuestionado por sus limitaciones. Aunque más difícil de aplicar, el Índice de Grasa Corporal (FMI, por sus iniciales en inglés) resulta mucho más fiable para ver si una persona sufre o no sobrepeso. El IMC, como probablemente todos saben, se calcula de forma sencilla dividiendo el peso en kilogramos de un individuo por el cuadrado de su talla en metros. Por ejemplo, si una persona pesa 80 kilogramos y mide 1,75 metros, su IMC vale 80/(1,75)2=26,1. A continuación, se puede consultar una tabla que indica si se sufre sobrepeso u obesidad, y en qué grado (calcular IMC).

El problema es que el sobrepeso es una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud, tal y como lo define la OMS. A partir de esa definición, y de cómo se calcula el IMC, nos damos cuenta de que este índice no mide de forma correcta el sobrepeso. Por ejemplo, una persona baja y musculosa podría dar un IMC correspondiente a sobrepeso, aunque no tenga un gramo de grasa en el cuerpo. Y, por el contrario, un IMC saludable (entre 18,5 y 25) puede corresponder a alguien alto y enjuto pero con barriga, y esa acumulación de grasa abdominal puede suponerle problemas de salud. Por ello, tendría sobrepeso desde un punto de vista metabólico.
Si se añade a lo anterior que otra limitación del IMC es que no tiene en cuenta la edad ni el sexo, se entiende que los científicos y expertos hayan optado por el FMI, que es una medida mucho más fiel del grado de sobrepeso de un individuo. Este índice se calcula dividiendo la masa grasa de una persona por su talla en metros al cuadrado. A la hora de interpretar el resultado, se acude a una tabla que tiene en cuenta tanto la edad como el sexo del individuo.
Diversos estudios en poblaciones han confirmado que el FMI es superior que el IMC a la hora de determinar el sobrepeso real de una persona. Sin embargo, el FMI no está exento de problemas. El principal es la dificultad para encontrar una medida fiable de la cantidad de grasa que tiene un cuerpo. Hay diversos procedimientos, como la bioimpedancia, que nos da un porcentaje aproximado de la grasa respecto al peso total. Sin embargo, los aparatos de este tipo que podrían utilizarse en el ámbito doméstico por su coste razonable tienen poca fiabilidad.
Existen diversos aparatos más precisos, aunque reservados al ámbito sanitario profesional por su elevado precio: bioimpedancia más fiable, absorciometría dual de rayos X, pletismografía, TAC y resonancia nuclear magnética, entre otros. No obstante, parece evidente que su utilización exclusiva por parte de profesionales supone un grave inconveniente para la mayoría de la población, de cara a conocer su FMI.
Otro problema que existe para aplicar el nuevo índice es que aún no hay unanimidad entre los expertos (al contrario que en el caso de IMC) a la hora de interpretar los resultados. Es decir, que un determinado FMI puede ser considerado saludable para unos expertos, y equivalente a sobrepeso para otros. A pesar de que hacen falta estudios más completos al respecto, puede concluirse que el FMI es un valioso instrumento para el diagnóstico de la obesidad.
Artículo elaborado por Adelgazar.Net en febrero de 2011,
a partir de informaciones de Consumer

sábado, 2 de abril de 2011

¿Engordan mucho las bebidas alcoholicas?

Las bebidas alcohólicas

Para muchas personas que comienzan a hacer dieta, prescindir del alcohol es, junto con los dulces, el aspecto de la misma que más les cuesta respetar. El consumo de numerosas bebidas alcohólicas está demasiado arraigado en la cultura occidental como para pretender ignorarlo.

¿Cuántas calorías tiene el alcohol de una bebida? Para saberlo habría que calcular los gramos de alcohol puro que hay y multiplicarlo por 7, que es el número de calorías (aunque realmente son Kcal, por claridad usaremos el término "caloría") que tiene un gramo de alcohol. A partir del volumen de la bebida (en mililitros o cm3) y de su grado alcohólico, podemos aplicar la siguiente regla:

Por ejemplo, aplicando esta regla a una copa (90 mililitros) de un ron de 38º, obtendríamos que tiene 239 calorías.

Por su parte, un vasito (150ml) de vino tinto de 12º, tendría:

A las calorías propias del alcohol habría que sumarle las correspondientes a otros ingredientes de la bebida (la tónica en un gin tonic, o la coca-cola en un cuba libre). Vemos que no son en absoluto despreciables las calorías de las bebidas: tres combinados ingeridos a lo largo de una fiesta pueden suponer unas 1.000 calorías. Además, las calorías del alcohol son "vacías" porque no aportan otros nutrientes, como sí ocurre con las grasas, proteínas o carbohidratos.
El exceso de alcohol, además de engordar, tiene otro importante efecto negativo: reduce mucho nuestro autocontrol. Cuando hemos tomado unas copas, nos relajamos respecto a nuestra alimentación y muy frecuentemente comemos más que si no hubiésemos bebido.
¿Estamos recomendando prescindir definitivamente del alcohol? No, porque no sería realista. A no ser que estés dispuesto a hacerte abstemio (se entiende que para siempre), es mucho más eficaz marcarse un objetivo de reducir el consumo de alcohol, que el de abstenerse de beber. A esa reducción en el consumo puedes darle diversas formas: emplear sólo bebidas fermentadas (vino, cerveza, cava, sidra...) y prescindir de las destiladas (ron, ginebra, whisky), no beber entre semana, no hacerlo hasta que comience la comida, ceñirse a una sola copa por noche, etc. Cada uno conoce bien sus costumbres y sabe qué objetivos puede marcarse para quitar protagonismo al alcohol en nuestra dieta.

Y a propósito de bebidas alcohólicas... unas fotos de mi visita a las Bodegas Arzuaga, en Quintanilla de Onésimo, Valladolid, en el corazón de la Ribera del Duero, hace un par de semanas...